Reflexión dominical. Cambio radical de mentalidad desde el Evangelio
Por JOSÉ CERVANTES
Domingo, 30 ago. 2026
El cambio de mentalidad en Pedro y Pablo
Este domingo la Palabra de Dios nos presenta a los dos pilares de la Iglesia, los apóstoles Pedro y Pablo, que dan testimonio del cambio de mentalidad y de vida que supone el encuentro personal con Cristo. Tras la escena de la confesión de fe de San Pedro, que escuchábamos el domingo anterior en el evangelio de Mateo, hoy Pedro (Mt 16,21-27) recibe de Jesús la corrección de su idea sobre el Mesías y las consecuencias que este cambio de mentalidad, orientado desde la pasión de Cristo, habría de tener para su vida. Por su parte, San Pablo, comienza la segunda parte de la Carta a los Romanos (Rom 12,1-2) invitando a una transformación profunda en sus vidas, determinada por el amor cristiano.
Vencer el mal con el bien
Un cambio de mentalidad es apremiante también en nuestro tiempo… y en muchos frentes. En la era de la globalización, en medio de la miseria social y política que impera en casi todo el planeta, incluida España y Bolivia, hacen falta voces proféticas, como la de Pablo, que apelen a un cambio de mentalidad y a no amoldarse a este mundo, sino a buscar lo bueno, lo que agrada a Dios y lo perfecto, descubriendo su voluntad (cfr. Rom 12,1-2.21). Y concluye este capítulo diciendo San Pablo: “no te dejes vencer por el mal, antes bien vence el mal con el bien”. Con la Palabra de Dios en la mano, y seducidos por Dios, como el profeta Jeremías (Jer 20,7-9), es importante hacer un llamamiento a la esperanza, desde la búsqueda de la justicia social, la prioridad del bien común y el respeto a la libertad.
La búsqueda del bien común
Miremos adonde miremos, por todas partes aparece la incompetencia de los poderes políticos que se pliegan al primado del sistema económico endiablado. Cuando este sistema busca, a toda costa, el crecimiento económico por encima de la vida, de la dignidad y de la libertad de la persona, cuando hace prevalecer los intereses partidistas, individuales y egoístas por encima del bien común, se cometen toda clase de injusticias y tropelías en una sociedad que, si no se reorienta, se encamina a un múltiple desastre, sobre todo humanitario. Por eso hacen falta líderes políticos, sociales y gestores de la economía que sepan vencer el mal con el bien. Y estos requieren un verdadero cambio de mentalidad.
El profeta seducido y forzado por la Palabra de Dios: Jer 20,7-9
Escuchamos en la primera lectura el final de las «confesiones» del profeta Jeremías, donde se revela su lucha interior. Es la lucha personal con su misión y con la fuerza irresistible de una Palabra de Dios que atormenta, pero que da vida. Estas confesiones del profeta son una mezcla de lamentación y de súplica, de acusación a Dios y de maldición a sí mismo. El texto empieza con una durísima acusación al Señor. Las imágenes de la seducción y de la violación son sumamente duras, ya que el profeta siente que Dios lo ha engañado hasta forzarlo a renunciar a su vida tranquila sintiendo también el abandono de los suyos. El éxito que el Señor prometió se ha convertido para él en persecuciones y frustraciones. Por eso Jeremías quiere olvidarse de todo y renunciar a su misión, pero se siente impotente, ya que la palabra divina es como un volcán que es imposible sofocar.
El cambio de mentalidad es una verdadera metamorfosis: Rom 12,1-2
San Pablo comienza la segunda parte de su Carta a los Romanos exhortando a una transformación profunda y radical en sus vidas, determinada por el amor cristiano. Pablo les pide no amoldarse a los criterios de este mundo y transformar la vida con la renovación de la mente, mediante la entrega de la vida, como único sacrificio agradable a Dios (Rom 12,2). El cambio de mentalidad consiste en buscar lo bueno, lo perfecto y lo que agrada a Dios, descubriendo su voluntad. En otro lugar, el apóstol de los gentiles dice que los creyentes nos vamos transfigurando en imagen de Dios por obra del Espíritu (2Cor 3,18). Pablo utiliza siempre el mismo verbo: “transfigurar”. El verbo griego correspondiente es metamorfeo (de donde deriva la palabra metamorfosis), utilizado también en los dos primeros evangelios al relatar la transfiguración del Señor. Pablo invita a realizar una auténtica metamorfosis de la vida en virtud del encuentro con Cristo.
Acoger la mentalidad de la cruz: Mt 16,21-27
El comienzo de la segunda parte del evangelio de Mateo (Mt 16,21-27) introduce asimismo el mensaje clave para la transformación de la mentalidad de los apóstoles, un mensaje totalmente nuevo en la predicación de Jesús. Se trata del primer anuncio de la pasión, mediante el cual se reorienta el contenido de la predicación y de la actuación del Señor. Ahora se desvela de qué modo Jesús entiende su mesianismo. El primer anuncio de su muerte en la cruz como destino ineludible de su actuación mesiánica no cabe en las expectativas de Pedro ni de los discípulos. Pedro recibe de Jesús la corrección de su idea sobre el Mesías y las consecuencias que este cambio de mentalidad, orientado desde la pasión de Cristo, habría de tener para su vida. Él ha reconocido al Mesías, pero no ha percibido las consecuencias y las exigencias de un mesianismo que acabará en la cruz por anteponer el Reino de Dios y su justicia al templo y al sistema vigente del culto y por colocar al ser humano necesitado en el centro de atención de la vida religiosa. El tema dominante a partir de ahora en el evangelio gira en torno al destino personal de Jesús, un destino marcado por el sufrimiento y el sacrificio, vivido como entrega de la vida hasta su ejecución en la cruz y orientado a la resurrección. Una vez más reaparece la incomprensión de Pedro de este destino paradójico del Hijo de Dios. Por eso Jesús no duda en llamar “Satanás” al intrépido santo cuando éste se desvía de los planes de Dios.
Tomar la cruz y seguir a Jesús
Las llamadas siguientes del evangelio a “tomar la cruz y seguir a Jesús” no son dos cosas diferentes, sino una sola, porque la una implica la otra. El verbo “seguir” es típico de los evangelios y significa mantener una relación de cercanía a alguien, gracias a una actividad de movimiento, subordinado al de esa persona. Tomar la cruz es la consecuencia vinculada directamente al seguimiento radical: “Si uno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo y tome su cruz y me siga” (Mt 16,24) y ha sido ejemplificada particularmente en la escena del Cirineo que “tomó la cruz de Jesús” (cf. Mc 14,21; Mt 27,32) y lo siguió. Tomar la cruz implica un cambio de vida continuo, de renuncia a uno mismo para entregarse a la persona de Jesús y seguir sus huellas en una trayectoria de vida, marcada por el sacrificio, siguiendo los pasos que él nos ha trazado para anunciarnos el Reino de Dios, hasta dar la vida por su causa. Tanto la cruz como el seguimiento radical no se pueden entender bien, si no van acompañados de un profundo amor a Jesús. Por amor a Jesús, a quien seguimos con su cruz, hemos de mirar a los sufrientes que entre nosotros llevan la cruz: los enfermos y ancianos, los inmigrantes y marginados, los pobres e indigentes…
Ser discípulo de Jesús
A partir de estos textos se puede decir que ser discípulo de Jesús conlleva la comunión de vida y de destino con Jesús. Negarse a sí mismo es renunciar a todo tipo de ambición y anhelo personal, es dejarse transformar por la renovación de la mente, no amoldándose ni acomodándose a los criterios de este mundo, para entregarse por entero a ser testigos del amor sin medida de Dios. Ser discípulo de Jesús es elegir el camino de la pobreza por amor a los pobres, es resistir en la fidelidad aguantando los sufrimientos, las persecuciones y los desprecios que normalmente conlleva el anuncio del Reino de Dios en la forma en que lo encarnó Jesús.
Cambiar de corazón y de estilo de vida
El Evangelio es el más vivo instrumento de transformación de la vida de los discípulos. Y el sufrimiento por el Evangelio se convierte en una seña de identidad de los cristianos. Necesitamos cambiar de mentalidad, de corazón y de estilo de vida. En la celebración eucarística, en cuanto conmemoración de la muerte y resurrección de Cristo, se realiza para nosotros la transfiguración propia del Cuerpo de Cristo. En ella, y por el mismo Espíritu, los creyentes somos transformados y transfigurados a través de la Pasión, como el mismo Cristo. San Pedro nos dice en su primera carta que nosotros debemos tener la mentalidad de la Pasión de Cristo (1Pe 4,1). Y Pablo lo explica especialmente en la primera carta a los Corintios con la teología de la Cruz (cf. 1Cor 1,13ss.). Pero no hay transformación posible del discípulo si no hay una configuración personal con Cristo, si no nos dejamos alentar por su Espíritu, especialmente a través del amor a los rostros más desfigurados del mundo y a los dolientes de esta tierra injusta, cuyas cruces son también nuestras.

José Cervantes Gabarrón es sacerdote misionero murciano y profesor de Sagrada Escritura. Director de Oikía, Casa de Acogida a Niños de la Calle, y director del Instituto de Estudios Teológicos Seminario Mayor San Lorenzo, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.