PRIMERA PERSONAPRIMERA PLANA

Café con Hugo ¿Qué nos revela un Mundial acerca de nosotros?

Por HUGO BENEDETTI
Miércoles, 5 ago. 2026

Durante más de treinta días el mundo pareció detenerse por unos instantes. Millones de personas siguieron un mismo acontecimiento. Estadios colmados. Pantallas gigantes. Banderas. Idiomas diferentes. Culturas distintas. Un planeta entero mirando hacia un mismo lugar.
Y mientras observaba esas imágenes, recordé una frase de Antoine de Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Entonces comprendí que quizá lo esencial de este Mundial de fútbol no estuvo solamente dentro de una cancha. Porque lo verdaderamente importante no fueron los goles ni los resultados. Lo esencial fue otra cosa.
“Fue un padre abrazando a su hijo después de un gol”.
»Una familia reunida alrededor de una televisión”.
»Un abuelo emocionándose como cuando era niño”.
»Personas que jamás se habían visto abrazándose durante unos segundos”.
»Un inmigrante sintiendo, por un instante, que volvía a su tierra”.

Eso no figura en ninguna estadística. Pero tal vez sea lo más importante que dejó este Mundial.
Porque, en el fondo, el Mundial puso en evidencia algo que muchas veces olvidamos.
Vivimos en una época en la que estamos permanentemente conectados, pero no siempre nos sentimos acompañados. Tenemos más pantallas que nunca. Más información que nunca. Más tecnología que nunca. Y, sin embargo, muchas veces, menos encuentros.

Durante unas semanas, el fútbol consiguió algo extraordinario: hizo que millones de personas volvieran a experimentar la alegría de compartir una emoción.
No porque el fútbol resuelva nuestros problemas. Sino porque nos recordó que seguimos necesitando encontrarnos. Que seguimos necesitando celebrar juntos. Que seguimos necesitando sentir que pertenecemos a una comunidad.

Y allí aparece nuevamente Saint-Exupéry. En ‘El Principito’, el zorro le enseña al pequeño príncipe que los vínculos son los que vuelven único aquello que, a primera vista, parece igual a tantas otras cosas. La célebre frase «Tú te vuelves responsable para siempre de lo que has domesticado» habla precisamente de eso: del valor de los lazos que construimos.
Quizá ese sea el mayor aprendizaje que nos deja un acontecimiento como un Mundial. No el resultado de un partido, sino la evidencia de que, cuando compartimos una emoción auténtica, dejamos de ser una multitud para convertirnos, aunque sea por un instante, en una comunidad.
Entonces vale la pena preguntarnos si esa emoción compartida, esa capacidad de abrazarnos, de celebrar con un desconocido y de sentirnos parte de una misma historia, puede acompañarnos también cuando ya no hay un balón rodando sobre el césped. Tal vez ese sea el verdadero campeonato que todavía tenemos por delante.

Hugo Benedetti es periodista argentino residente en Alcantarilla

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