Contaminación digital: una de cada tres fotos que guardamos en el móvil no nos sirven para nada
Este año se harán casi dos billones de fotografías digitales en todo el mundo, lo que genera graves problemas ambientales
Martes, 4 ago. 2026. REDACCIÓN
En 2026 se estima que los ciudadanos de todo el mundo harán nada menos que 1,95 billones de fotografías. Y que una de cada tres que tenemos almacenadas en nuestros teléfonos son irrelevantes. O dicho de otra manera, no nos sirven para nada.
La era digital genera residuos de dispositivos electrónicos de manera continuada. El último informe realizado por Naciones Unidas The Global E-Waste Monitor 2024’ apunta que cada año se acumulan 62 millones de toneladas de basura electrónica, con un crecimiento interanual de 2,6 millones de toneladas. Ese informe estima que, en el año 2030, se alcanzará el récord de 82 millones de toneladas de basura electrónica.
Además, estos dispositivos no solo generan residuos físicos, sino que durante su uso también producen contaminación y gasto abusivo de recursos. Según la iniciativa con Digital Decarbonisation los almacenes de datos se encuentran entre los mayores consumidores mundiales de energía eléctrica y son responsables del 2,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, gran parte de esa contaminación sería fácilmente reducible con medidas de higiene digital. Por ejemplo, en el almacenamiento y uso de la fotografía. El volumen de imágenes generadas da buena cuenta de ello. En 2026 se harán 1,95 billones de fotos en todo el mundo, el 94% desde un smartphone. Además, el número de imágenes almacenadas se acercará a los 13,6 billones, según las últimas previsiones de Rise Above Research.
¿Contamina más guardar fotos que imprimirlas?
7 de cada 10 españoles cree que contamina más imprimir fotos que guardarlas en la nube, tal y como apunta el III Estudio de Cheerz sobre el uso de la fotografía por parte de los españoles.
Este informe también señala que la población acumula información innecesaria. Más concretamente, una de cada tres fotos que los españoles conservan en su móvil no tienen ninguna relevancia para ellos. De hecho, el 63% de los españoles manifiestan acumular fotografías en sus dispositivos, con apenas costumbre de eliminar periódicamente aquellas que no son relevantes. Sólo el 37% tiene por costumbre eliminar todas aquellas que no tienen ningún valor.
“Como sociedad hemos logrado estar muy concienciados de que sólo hay que imprimir lo que sea realmente importante y necesario, para no malgastar recursos y frenar la deforestación. Sin embargo, la llegada de los teléfonos móviles con cámara ha supuesto no sólo una comodidad para poder sacar fotografías de alta calidad en cualquier momento y lugar, sino que hemos perdido de vista el gran impacto medioambiental que esta práctica supone. De hecho, algunos expertos señalan que guardar mil fotos en la nube consume el equivalente energético a cargar varios teléfonos móviles de forma continua, algo que muy pocos usuarios tienen en cuenta.”, comenta Qui Marín, directora del Sur de Europa de Cheerz, la empresa de impresión fotográfica desde el móvil líder en Europa.
1 de 4 españoles nunca imprime fotos
Los datos del estudio revelan una paradoja muy característica del mundo digital: cuantas más fotos hacemos, menos las materializamos. Solo el 15% de los españoles imprime sus fotografías con frecuencia, mientras que el 60% lo hace únicamente de forma esporádica y el 25% no imprime nunca. Entre los motivos destacan la falta de espacio para guardar las copias físicas (30%), la pereza (25%) y el olvido (24%). Una conducta que, lejos de ser inocua para el medio ambiente, alimenta directamente el problema: cada foto que no se imprime y se queda almacenada en el móvil o en la nube devora recursos energéticos e hídricos globales de forma continuada en el tiempo, algo de lo que muy pocos son conscientes.
«No hacemos fotos porque sí, las hacemos porque queremos conservar algo que nos importa. Y, sin embargo, la mayoría de esas imágenes se quedan olvidadas en una galería del móvil generando un impacto ambiental real en lugar de convertirse en algo que se pueda tocar, guardar o pasar de generación en generación.