66.000 niños de Gaza pueden perder el acceso a servicios esenciales como el agua
Cerca de 300 puntos de atención sanitaria, nutrición, educación, protección, agua y saneamiento podrían verse afectados por la intensificación de la actividad militar y las restricciones de movimiento
Domingo, 2 ago. 2026. UNICEF
Una escalada militar y la extensión en el tiempo de las actuales restricciones de movimiento podrían afectar a cerca de 134.000 niños y niñas en Gaza. De ellos, alrededor de 66.400 corren el riesgo de sufrir serias interrupciones en el acceso a atención sanitaria, nutrición, agua, saneamiento, protección o educación.
En las zonas próximas a la denominada línea amarilla, una línea de control militar que limita el movimiento de personas y ayuda humanitaria dentro de Gaza, se encuentran 295 puntos de atención que podrían verse alcanzados, 188 de UNICEF y otros 107 apoyados por organizaciones humanitarias. Cualquier interrupción en su funcionamiento dejaría a miles de familias con aún menos opciones para cubrir sus necesidades básicas y recibir ayuda vital.
“En Gaza, un centro de salud, un punto de agua o un espacio educativo son la única red de protección para miles de niños y niñas. Si estos servicios dejan de funcionar, muchas familias no tienen ninguna alternativa. En pleno verano, con una escasez extrema de agua, los sistemas de saneamiento al límite y los hospitales sin suficientes suministros, cualquier nueva interrupción puede tener consecuencias inmediatas para la salud y la supervivencia de la infancia”, ha asegurado José María Vera, director ejecutivo de UNICEF España.
Las dificultades de acceso ya están afectando a la entrada y distribución de ayuda. Durante mayo y junio, solo 280 de los 633 camiones de UNICEF procedentes de Egipto pudieron descargar sus suministros, menos de la mitad. Las familias tienen dificultades para conseguir agua suficiente, los sistemas de saneamiento están desbordados y los residuos se acumulan dentro y alrededor de los lugares donde viven.
Sobrevivir al verano sin suficiente agua
La situación se agrava durante los meses de verano. El 82% de las familias de Gaza no tiene garantizado el acceso al agua y hasta el 70% no dispone siquiera de seis litros por persona al día, una cantidad muy inferior a los mínimos establecidos para una emergencia. Cerca del 90% de las infraestructuras de agua y saneamiento han resultado dañadas o destruidas.
El calor, la escasez de agua y la acumulación de basura y aguas residuales exponen a la infancia a entornos contaminados y aumentan el riesgo de deshidratación y enfermedades. La falta de letrinas y las dificultades para retirar los residuos también están favoreciendo la proliferación de ratas y otros animales que pueden transmitir enfermedades alrededor de refugios y viviendas.
A pesar de las restricciones, UNICEF y sus aliados han seguido prestando ayuda durante los seis primeros meses de 2026. Más de 1,15 millones de personas han accedido a agua potable mediante camiones cisterna y 516.000 han recibido servicios de saneamiento. Cerca de 487.000 niños, niñas y mujeres se han beneficiado de atención primaria de salud, mientras que más de 11.000 recién nacidos pequeños o enfermos han accedido a cuidados hospitalarios especializados.
UNICEF pide que la ayuda pueda entrar de forma segura y constante y que lleguen los recursos necesarios para mantener estos servicios en marcha. Sin acceso, combustible, medicamentos y financiación suficiente, miles de niños y niñas seguirán teniendo cada día más difícil conseguir agua, recibir atención o encontrar un lugar seguro donde aprender y jugar.
Testimonios
Omar, de 11 años: «Nos bombardearon. Cuando desperté, estaba en el hospital. Yo estaba herido y Tamim había muerto. Era mi mejor amigo y lo perdí».
Oday, de 12 años: «De repente, empezaron los disparos y recibí una bala en la espalda. Ahora no puedo caminar y siempre siento un dolor en la espalda».
Ameer, de 14 años: «Se produjo un ataque aéreo y un fragmento de metralla me alcanzó en la pierna. Me hago cargo de mi familia, pero no puedo hacerlo mientras sigo aquí, herido».
Meral, de 9 años, perdió una pierna, a su madre y a su abuela: «Estaba durmiendo junto a mi madre. Cuando desperté, me encontré sola».
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