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UNICEF: La hambruna ya es una realidad para millones de niños y niñas

Declaración de Ricardo Pires, jefe de Comunicación de Emergencias de UNICEF, en el Palacio de Naciones de Ginebra

Sábado, 25 abr. 2026. RICARDO PIRES-UNICEF
El Informe Mundial sobre Crisis Alimentarias deja una conclusión contundente: la hambruna ya no es solo un riesgo, sino una dura realidad que los niños y niñas están viviendo ahora mismo.

El capítulo 3 del informe, dedicado a la desnutrición aguda, muestra que las crisis alimentarias actuales son también profundas crisis nutricionales, impulsadas por los conflictos, el desplazamiento y el colapso de los servicios esenciales. Esta situación se agrava aún más por los recortes en la financiación humanitaria y al desarrollo.
En 2025, se estima que 35,5 millones de niños y niñas menores de cinco años sufrían desnutrición aguda en 23 países afectados. Cerca de 10 millones padecían desnutrición aguda grave, una condición que pone en peligro la vida, pero que se puede prevenir y tratar.
Los niños y niñas con desnutrición aguda grave están demasiado delgados para su estatura, sus sistemas inmunitarios se debilitan hasta el punto de que enfermedades infantiles comunes pueden llegar a ser mortales, y su riesgo de morir se multiplica por 12 en comparación con los niños y niñas bien nutridos.
Al mismo tiempo, 9,2 millones de mujeres embarazadas y lactantes sufrían desnutrición aguda. Cuando las mujeres no pueden cubrir sus propias necesidades nutricionales, sus bebés tienen un mayor riesgo de nacer con bajo peso, enfermar y morir desde el inicio mismo de sus vidas.
El año pasado, por primera vez en dos décadas, se declararon dos hambrunas al mismo tiempo: en Gaza y Sudán. En ambos contextos, la infancia sufrió mucho más que hambre. Los niños y niñas afrontaron el colapso de los sistemas de salud, nutrición y agua, graves brotes de enfermedades y restricciones extremas al acceso humanitario.
En Gaza, el informe señala uno de los deterioros más rápidos de la nutrición infantil jamás registrados, con un número de niños y niñas con desnutrición aguda que se duplicó con creces en cuestión de meses. No son solo cifras.

Niño desnutrido en Gaza. Julio 2025. Foto: UNICEF-NATEEL

Son vidas de niños y niñas

Yo estaba allí justo cuando se declaró la hambruna en 2025. Lo que vi dentro de los centros de salud es algo que nunca olvidaré. Las clínicas estaban desbordadas; los pasillos, las salas de espera e incluso las escaleras estaban llenas de madres y padres que sostenían a niños y niñas cuyos cuerpos habían sido consumidos por el hambre.
Conocí a bebés demasiado débiles para llorar, con la piel estirada sobre huesos frágiles, mientras las enfermeras los pesaban una y otra vez, esperando una señal de mejora que rara vez llegaba. Las madres y los padres pedían, no consuelo, sino lo más básico: un sobre de alimento terapéutico, agua limpia, una oportunidad.
El personal sanitario hacía todo lo que podía, trabajando sin descanso, pero estaba desbordado: faltaban suministros, espacio y tiempo. Así es la hambruna en la vida real: no una estadística, sino el colapso lento y visible de la infancia, que se desarrolla en salas abarrotadas donde la esperanza se raciona junto con la comida.
En Sudán, la hambruna se confirmó en zonas donde las familias estaban atrapadas, los servicios habían colapsado y los niños y niñas estaban cada vez más aislados de la atención vital. Como saben, no se trata de crisis aisladas.
Cuatro lugares –Gaza, Sudán, Myanmar y Sudán del Sur– están clasificados como zonas que afrontan crisis nutricionales muy graves, donde la infancia está expuesta a una convergencia mortal de dietas insuficientes, alta carga de enfermedades y falta de servicios básicos. Estas crisis no son inevitables: son el resultado de decisiones.
En la mayoría de las crisis nutricionales incluidas en el informe, la desnutrición aguda no está causada únicamente por la escasez de alimentos, sino por la incapacidad simultánea de garantizar un acceso humanitario seguro y sin obstáculos a alimentos, atención sanitaria, servicios y suministros de nutrición, y agua segura. Por eso los niños y niñas están cayendo en una desnutrición peligrosa incluso allí donde hay alimentos disponibles.

Las perspectivas para 2026 son profundamente preocupantes

El aumento de los conflictos, los impactos climáticos y las perturbaciones de los mercados mundiales amenazan con empujar a más niños y niñas hacia la desnutrición aguda, justo cuando los servicios de nutrición se están reduciendo y el acceso se vuelve cada vez más restringido.
Para la infancia, el tiempo lo es todo. Un niño o niña con desnutrición aguda grave puede morir en cuestión de semanas. Con tratamiento a tiempo, puede sobrevivir y recuperarse. Pero el creciente riesgo de hambruna exige invertir en prevención, además de tratar a los niños y niñas.
El mensaje de UNICEF es claro:
La prevención de la hambruna debe comenzar antes de que los niños y niñas lleguen al borde de la muerte. Debemos invertir en sistemas que permitan activar alertas tempranas.
Los esfuerzos de respuesta deben priorizar una acción multisectorial que salve vidas, combinada con una acción política, diplomática y operativa sostenida para evitar un mayor deterioro y garantizar un acceso humanitario seguro y sin obstáculos.
Y los niños y niñas, las mujeres embarazadas y las madres lactantes deben estar en el centro de los esfuerzos de prevención y respuesta que vinculan la nutrición con la salud, el agua, el saneamiento y los programas de protección social.
Por último, este informe también es una advertencia sobre los datos.
La alerta temprana permite actuar a tiempo. Sin embargo, los propios sistemas de datos sobre nutrición están amenazados por los recortes de financiación y las restricciones de acceso. Proteger estos sistemas es esencial para salvar vidas.
Si no actuamos ahora, el coste no se medirá solo en informes, sino en vidas de niños y niñas y en futuros perdidos.
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