OPINIONPRIMERA PLANA

Reflexión dominical. San José, el grandioso en segundo plano

Por JOSÉ CERVANTES
Jueves, 19 mar. 2026

El día de San José

El 19 de marzo se celebra el día del padre, pero no son muchos los que saben el motivo cristiano de esta celebración, y por eso lo convierten simplemente en una fiesta de homenaje a los padres, con los regalos y comidas correspondientes. El origen de la fiesta es que hoy es el día de San José, el padre putativo de Jesús, es decir, el que se pensaban que era el padre de Jesús. Pero en España sí se celebra. Gracias a los incontables mensajes de felicitación de los amigos que se han acordado de mí y me han enviado su cariñoso recuerdo. Al despertarme en Bolivia ha sido una gran alegría encontrarme el buzón a tope con esos mensajes. También yo felicito a los que en masculino o femenino llevan el nombre de San José.

José, el esposo de María

Hemos de ir especialmente al Evangelio de Mateo para conocer al esposo de María, pues el primer evangelio se concentra en la figura de José para anunciar el nacimiento de Jesús. José, denominado hijo de David por pertenecer a dicha estirpe, al poner el nombre a Jesús y acoger a María, se convierte en padre legal de Jesús, cuyos efectos en la antigüedad eran casi los mismos que la paternidad física, y posibilita el reconocimiento oficial de Jesús como descendiente de David y, por tanto, como Mesías legítimo.

San José, modelo del creyente

La figura de José se convierte en un modelo ejemplar para los creyentes que quieren poner su vida al servicio del Señor. De él, a partir del evangelio de Mateo, podemos destacar dos aspectos fundamentales: José es, por una parte, el hombre del silencio profundo ante un Dios que lo desborda misteriosamente con todos sus dones, y por otra, el hombre justo por antonomasia. Al decir el evangelio que José era “justo” no se debe entender sólo que él era un buen cumplidor de la ley ni que era muy bondadoso, especialmente con María, su esposa, sino más bien que él vive cumpliendo la voluntad del Padre del cielo. El concepto de justicia en el primer evangelio es muy superior al del cumplimiento de la ley (Mt 5,20). Es la justicia que consiste en la apertura al misterio de Dios (muchas veces desconcertante), es la obediencia de la fe (Rom 1,5) al proyecto de Dios y es la búsqueda del Reino de Dios.

Perplejidad de San José

La perplejidad en la que se encuentra José ante las circunstancias que rodean el nacimiento de Jesús es muy grande. Pero no menos impresionante es su respuesta como hombre de fe. Estando prometida María a José y antes de vivir juntos, ella se encontró embarazada del Espíritu Santo. Ante el hecho sorprendente que José tiene que afrontar, que su mujer está encinta antes de convivir con ella, tiene dos posibilidades legales de actuación, según el Dt 22, 13-21 y Dt 24,1, la denuncia o el repudio. Sin embargo, José no hace ni lo uno ni lo otro. “Y José, su marido, siendo justo y no queriendo descubrirla se propuso secretamente dejarla” (Mt 1,19). La perplejidad de José no es duda sobre María, ni mucho menos sobre Dios.

El silencio de un santo

La idea de San José no es ni denunciar a María, ni tampoco repudiarla (cosas que serían públicas), sino solamente separarse de ella secretamente para dejar que el proyecto de Dios se realice en ella. Ante la inmensidad del misterio del que María es protagonista, José, se siente indigno y en su humildad experimenta el temor reverencial ante Dios y su designio. Su silencio absoluto es significativo. De él, además, no transmiten los evangelios ni una palabra y precisamente este hecho es el que en él se hace elocuente hasta convertirlo en modelo de vida interior. Es un santo en segundo plano.

San José, el padre legal de Jesús

La respuesta de Dios ante el silencio reverencial de José propicia la anunciación del nacimiento de Jesús a través de un ángel, en claro paralelo con la anunciación a María en el evangelio de Lucas. De este modo José comprende en el silencio que él será también coprotagonista con María, su esposa, en el misterio de la encarnación, en el cual, también él, como María, va a tener una misión específica, la de dar la paternidad legal a Jesús y ser protector y guardián de las gracias divinas que él, a través de María y Jesús, ha recibido.

El Mesías Jesús en la estirpe de David

La figura de San José sirve para abordar una cuestión clave del cristianismo primitivo que se preguntaba por el origen de Jesús. Conocer bien a una persona implica conocer su origen y el de su familia. Por eso más que contarnos la historia de la infancia de Jesús, los dos primeros capítulos de San Mateo pretenden informarnos en la fe sobre el origen de Jesús. Dándonos los datos del parentesco y del lugar de procedencia no se nos cuenta tanto lo que pasó con Jesús al principio cuanto lo que Jesús es desde el principio y cuál es su misión y su destino. Por medio de san José, Jesús pertenece al linaje de David, de cuya descendencia se sabía que iba a nacer el Mesías.

Jesús es el cumplimiento de la profecía mesiánica

San José, denominado el hijo de David, por pertenecer a dicha estirpe, tal como nos narra la genealogía al principio del Evangelio, al poner el nombre a Jesús y acoger a María, se convierte en padre legal de Jesús, cuyos efectos en la antigüedad eran los mismos que la paternidad física y posibilita el reconocimiento oficial de Jesús como descendiente de David (Rm 1,1-7) y por tanto como Mesías legítimo. La paternidad legal de José es tan importante como la maternidad física de Maria, pues en Jesús, el hijo de David, a través de José y de María, se cumple la profecía mesiánica de Isaías.

Jesús es el Salvador

“Poner el nombre” es propio de alguien que tiene autoridad sobre otro. José (Mt) y María (Lc) son los que ponen el nombre de Jesús al hijo engendrado por obra del Espíritu Santo. El nombre en el ambiente bíblico no era mera denominación arbitraria sino la pronunciación de algo esencial de la persona. El nombre es la identidad recibida, no la adquirida. Dar un nombre es significar su destino, definir su actividad y su carácter. Al Mesías le da nombre el ángel. José y María actúan en nombre de Dios. El nombre de Jesús significa “Dios Salva: Jesús es salvador porque salvará a su pueblo de sus pecados”.

Sepamos acoger el misterio de Dios

La imagen del arte barroco manierista, de José y el Niño (Guido Reni, 1640), que acompaña esta reflexión, muestra a José, anciano como Abrahán, acogiendo en sus manos el misterio del niño Jesús. Éste, a su vez, tiene en su mano la fruta, símbolo del primer pecado cometido por el ser humano, narrado en el Génesis, por querer ser como Dios. Jesús es quien salva a la humanidad del pecado que él ya tiene controlado y redimido en sus manos. José acoge al niño redentor cuyo rostro irradia con su luz la cara y la barba de José, silencioso, el justo contemplativo y adorador de su Señor.

La fiesta con los chicos de Oikía

Si, como San José, también nosotros, en silencio, acogemos el misterio de Dios en nuestras vidas, y sabemos proteger y custodiar los preciosos dones de Dios en nuestra existencia, entonces haremos honor a su nombre, como testigo de Dios en el silencio de la vida.  Yo, por mi parte, lo celebro. de forma sencilla, con los niños de Oikía y nuestros voluntarios en esta, nuestra casa de acogida. Felicidades a todos los hoy celebran algún motivo que deriva de la grandeza de San José.

José Cervantes Gabarrón es sacerdote misionero murciano y profesor de Sagrada Escritura. Director de Oikía, Casa de Acogida a Niños de la Calle y director del Instituto de Estudios Teológicos Seminario Mayor San Lorenzo, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

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