Reflexión dominical. La misión de todo discípulo de Cristo
Por JOSÉ CERVANTES
Domingo, 14 jun. 2026
El discurso misionero de Jesús
La celebración del undécimo domingo del tiempo ordinario tiene su centro en el mensaje inicial del discurso misionero del Evangelio de Mateo. Este segundo discurso según S. Mateo está dedicado a las instrucciones de los Doce acerca de la misión para la que han sido llamados (Mt 10,1-42). Y el fragmento de este domingo (Mt 9,35-10,8) nos muestra, en tres partes, el fundamento de la misión, los protagonistas de la misma y la primera característica del actuar misionero, que no es otra que la de la gratuidad.
La misericordia del Señor ante la gente abatida y sin pastor
El fundamento de la misión es la constatación de la situación de la gente por parte de Jesús. Es de especial relieve la motivación de Jesús al incorporar a los Doce discípulos en su misma misión evangelizadora. Al ver Jesús el sufrimiento de multitudes maltratadas y abatidas “se conmocionó” por ellos (Mt 9,36). Y el Evangelio nos enseña, además, a ver en profundidad la situación, al indicarnos la razón por la que se encuentra así la muchedumbre y nos dice: “como ovejas que no tienen pastor”. El Evangelio indica, así, con la imagen del rebaño la razón del abatimiento del pueblo extenuado: No tienen dirigentes dignos de ser considerados pastores.
Misericordear es amar con obras y gratuitamente
Nos fijamos, en primer lugar, en el verbo principal de la reacción de Jesús: Se conmovió o se compadeció. Yo prefiero “se conmocionó”. Es como una emoción del corazón que desencadena obras de rescate de la situación miserable en que se encuentran las multitudes. Este verbo (splanjnizomai en griego) es el verbo que expresa la misericordia entrañable de Dios Padre, la ternura gozosa del padre con el hijo pródigo y el amor al prójimo del buen samaritano, la primera reacción de Jesús ante el leproso para curarlo después, y también la multitud hambrienta antes de partir los cinco panes. Muchas traducciones dicen “sintió compasión”, “se compadeció”, pero, como ya saben ustedes, con el papa Francisco, a mí me gusta decir ya, más bien, “misericordeó”. Éste es, pues, el amor de Jesús hacia las gentes abatidas. La misericordia es el fundamento de la misión.
En vez de dirigentes aprovechados necesitamos autoridades con valores morales
En segundo lugar, el motivo de la miseria es una clara alusión al Antiguo Testamento y, en particular, al profeta Ezequiel donde la imagen del pastor se aplica a los dirigentes del pueblo, quienes se aprovechan del pueblo explotando a la gente y maltratándola (Ez 34). Al ver hoy con Jesús el sufrimiento de los hermanos maltratados en el mundo, podremos constatar la necesidad de obreros del reino que den credibilidad a la Iglesia por su fidelidad al Evangelio y su orientación hacia los marginados, así como la necesidad de líderes políticos con verdadera autoridad moral que orienten el rumbo de los pueblos por los senderos de la paz, de la justicia y de la fraternidad. Los nuevos y verdaderos pastores pasan a ser los discípulos, que reciben el encargo misionero. El papa León, sucesor de Pedro, es la gran autoridad moral del mundo, verdadero pastor de la humanidad, hoy.
La misión de los Doce es la de Jesús
La llamada y la constitución de los Doce es para cumplir la misma misión de Jesús, es decir, la de predicar la cercanía del Reino de Dios y su justicia, y la de realizar las mismas actividades que el maestro. Ser discípulo es estar en comunión de vida y de destino con Jesús. Según el programa misionero de Jesús, y sólo para empezar la misión, los discípulos son enviados a Israel, exactamente a las ovejas perdidas de este pueblo, pero más tarde serán enviados a todas las naciones y pueblos. El evangelio subraya que los apóstoles se han de dedicar principalmente al pueblo cansado y agotado, que anda como un rebaño de ovejas sin pastor (Mt 9,36), y a los que están extenuados y abatidos, a los enfermos, a los pequeños y los pobres (Mt 18,11.14). Y esta misión se debe hacer como Iglesia, como pueblo organizado, no como francotiradores aislados, sino como miembros de todo un colectivo eclesial y sacerdotal, estructurado, que es consciente de la gran misión heredada de su Señor.
Solidaridad con los que sufren
La solidaridad real y comprometida con los empobrecidos y maltratados, con los que sufren y con los enfermos, con las víctimas de tanta injusticia y de todos los que atentan contra la vida y la dignidad de todo ser humano, desde los niños no nacidos que son abortados hasta los emigrantes y refugiados en cualquier parte del mundo, es un asunto vital para la transformación de la sociedad. Y para los cristianos es, además, una prioridad evangélica indiscutible inherente al anuncio del Reino de Dios. Por lo menos así cuentan los evangelios que lo fue para Jesús. El primer gran discurso de Jesús en San Mateo empieza proclamando dichosos a los pobres (Mt 5,3) a los cuales pertenece el Reino de Dios. De igual manera en el evangelio de Lucas el primer mensaje público de Jesús muestra a los pobres como destinatarios primeros de su misión liberadora mesiánica (Lc 4,18) haciendo suyas las palabras de Isaías, el profeta (Is 61,1-2). En el último discurso de San Mateo, Jesús se identifica plenamente con los hambrientos, con los emigrantes, con los enfermos, con los expoliados y con los presos, a quienes considera hermanos suyos (Mt 25,35-40).
La misión de la Iglesia es anunciar el amor de Dios a los abatidos
La misión de los Doce, por tanto, es anunciar a todos los abatidos la cercanía del Reinado de Dios a ellos, es decir, comunicar que los últimos de la sociedad, los que no cuentan, los marginados, los pobres y los indigentes son los predilectos del amor de Dios y ocupan el primer puesto en la misericordia divina. La tarea de los discípulos prolonga la actividad mesiánica de Jesús, realizando sus mismos signos y anunciando a los pobres la buena noticia de la salvación.
Un estilo de vida marcado por el valor de la gratuidad
Al empezar el discurso Jesús advierte a los discípulos cómo deben de comportarse para enfrentarse a los males que tienen atrapada a esta humanidad abatida. Su nuevo estilo de vida debe estar marcado por el signo de la gratuidad y el don generoso de Dios. La gratuidad consiste en dar y en darse sin esperar nada a cambio. Esta es la primera nota esencial de los enviados por el Señor a trabajar a su mies. Particular importancia adquiere esta característica primera de los misioneros, de los Doce Apóstoles y de los creyentes llamados por Jesús a esta misión. Pero hoy debemos constatar la necesidad apremiante de obreros en la misión, especialmente de sacerdotes y personas de vida consagrada para la evangelización del mundo. Se necesitan sacerdotes y bien formados, espiritual e intelectualmente. Hemos de orar al Señor de la mies para que envíe obreros a su mies, para que surjan vocaciones sacerdotales, buenas y santas, valientes y convencidas, entusiastas y comprometidas.
Es necesario tomar conciencia del estado de abatimiento de los que sufren
Entre otras tareas propias de los cristianos, es apremiante en el ámbito social la toma de conciencia y de postura ante el ocultamiento de la verdadera y dramática realidad de grandes masas de la población mundial, que sufren las consecuencias de la pobreza y de la miseria, que anda extenuada y abatida como ovejas sin pastor, y es urgente dar a conocer el alcance pernicioso de las ideologías que legitiman la violencia y la exclusión de los otros, el de los nacionalismos fanáticos de cualquier signo, el del racismo, de la xenofobia y de todo tipo de fanatismos, y no en último lugar, el de las ideologías que atentan contra la vida humana y su dignidad, y el de grupos de poder que reducen y explotan al ser humano como mero objeto o mercancía. Todo ello conduce a la humanidad a callejones sin salida en el mundo actual.
La gran autoridad moral del Papa León XIV, un pastor como Dios manda
Durante esta semana que ha acabado, el papa León ha realizado su viaje apostólico a España, donde ha visitado las dos grandes ciudades cosmopolitas del país, Madrid y Barcelona, y las Islas Canarias, encrucijada de dolor y de esperanza de los miles de inmigrantes que logran pasar desde África a un espacio europeo, español. La gran autoridad moral del Papa León XIV, un pastor como Dios manda, ha transmitido a todos, creyentes y no creyentes, un mensaje de esperanza, con firmeza y contundencia, con alegría y con finura, por medio de discursos que, enraizados en el Evangelio, han valorado la gran tradición de un pueblo plural, el de una España secular, cuyas riquísimas expresiones culturales y artísticas reflejan la profundidad de la fe católica en la arquitectura, en la música, en la literatura, en la filosofía y en toda su historia cultural.
Los encuentros del Papa con la gente: golazos de esperanza
La Iglesia viva y comprometida de España ha recibido un gran impulso para seguir testimoniando la alegría del Evangelio. Esto se visibilizó en la Eucaristía del Corpus en Madrid, en el encuentro de oración de la vigilia vespertina, en la fiesta del estadio Bernabeu, en la bendición espectacular de la última torre dedicada a Cristo Resucitado en la Sagrada Familia de Barcelona y en el encuentro con el mundo de los inmigrantes en el puerto marítimo de las Islas Canarias. Recogiendo la palabra del papa y parafraseándola un poco, podemos decir que todo fue un golazo de esperanza por la dignidad de la persona.
El papa León, campeón del mundo, enarbolando la dignidad de toda persona
Se podrían seguir enumerando todos los encuentros del papa León, pero hay que destacar la singularidad de la intervención papal ante los políticos de España, en el Congreso de los diputados, con un discurso potente y magistral, profético y alentador, que, como una bocanada de aire fresco y puro, habrá animado y habrá hecho reflexionar a los agentes de la vida política. Pero también habrá interpelado, desde España y para el mundo entero, a los que ostentan el poder político y económico y a los que gestionan la vida social, enarbolando como bandera de sus discursos la dignidad indiscutible de todo ser humano y, desde ahí, la llamada al respeto a la vida, y al cuidado y atención de la misma en toda persona humana, con especial énfasis en los inmigrantes, como víctimas de la injusticia global que afecta a sus países de origen, sin olvidar a las víctimas inocentes de la multitud de abortos perpetrados por doquier, pues sólo desde el amor y la verdad se puede construir un mundo en paz, con justicia y libertad.

José Cervantes Gabarrón es sacerdote misionero murciano y profesor de Sagrada Escritura. Director de Oikía, Casa de Acogida a Niños de la Calle, y director del Instituto de Estudios Teológicos Seminario Mayor San Lorenzo, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.