
Reflexión dominical. Dios nuestro, Uno y Trino
Por JOSÉ CERVANTES
Domingo, 31 may. 2026
El Dios del amor
La Iglesia celebra este domingo la fiesta de la Santísima Trinidad, dogma fundamental del cristianismo, que proclama la unidad en el amor de las tres personas que son un solo Dios, vivo y verdadero: el Padre, el Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Dios es amor, comunión íntima y comunicación viva de personas en la Trinidad. Ese amor es el Padre que se ha manifestado en Jesucristo y se nos ha dado con su Espíritu a los seres humanos para llevarnos hasta la verdad plena y hacernos partícipes de su gloria, incluso en medio de las tribulaciones del tiempo presente.
La Trinidad de personas
El pensamiento cristiano ha ido desarrollando a lo largo de la historia la comprensión del misterio inefable de la Trinidad. ¿Cómo pueden ser tres personas y un solo Dios? El concepto de persona ha ido cambiando en la historia del pensamiento, de modo que habría que hacer un recorrido por toda ella para aproximarnos, no solo al concepto, sino también al misterio de la persona y poder vislumbrar, intuir y gozar de la grandeza de la Trinidad personal del Dios Amor que el hombre Jesús, muerto y resucitado, el Hijo de Dios, nos ha revelado.
Dios Creador, Padre misericordioso
El pueblo de Israel a través de su historia, llena de dificultades y llena de ambigüedades, fue descubriendo a un Dios, el Creador, que se les revelaba como Padre misericordioso y como Dios de la liberación. En el texto del Éxodo se manifiesta como un Dios misericordioso y fiel, dispuesto siempre a perdonar a su pueblo (Ex 34,4-9). Se les reveló como el que tomaba la causa de los empobrecidos de la historia y los llevaba a la humanización verdadera.
Dios Padre, liberador del hombre
Ese Dios que había apostado por el ser humano humillado, esclavizado, oprimido y vulnerable, decide acompañar a Israel y defenderlo frente a todo poder imperial que buscaba imponerse sobre ellos; es el Dios liberador de toda opresión y de toda marginación impuesta por los imperios de turno y es, sobre todo, el Dios que perdona las culpas y pecados de su pueblo. Frente a él, Israel tiene un compromiso radical de configurar su vida y su sociedad desde la sabiduría de ese Dios que, por puro amor y pura gratuidad, ha querido declararlo su pueblo.
Jesús, el Hijo de Dios, hecho hombre
Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, es el Dios del Amor entregado a la humanidad para que ésta tenga vida. Por eso él es la gracia. Jesús es la mejor forma de entender el misterio profundo de Dios. Él es quien nos reveló al Padre, es quien, en definitiva, nos manifestó la esencia trinitaria de Dios. Durante toda la vida en carne mortal de Jesús, Él fue mostrándonos las facetas maravillosas que Él había experimentado y conocía de Dios, su Padre.
Jesús desvela lo que de Dios no sabíamos
La vida transparente y coherente de Jesús revela lo que Dios es en sí mismo: la eterna verdad, el eterno amor, la eterna misericordia, la verdadera justicia. Jesús es Dios hecho historia, es Dios asumiendo la realidad humana, redimiendo su creación; pero Jesús nos revela y desvela en la cruz algo que no sabíamos de Dios: lo que constituye la esencia del cristianismo es comprender la presencia de Dios en el crucificado, como hace el centurión romano, al pie de la cruz ante Cristo crucificado, al decir: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39). Por eso, entender el mensaje de humildad, de sacrificio por amor, de justicia, y carente de todo poder, enseñado por Jesús, y vivir bajo sus principios, es entrar en una estrecha relación de sentimiento y de vida con el Dios Trinidad.
El Espíritu da vida y coraje
El Espíritu Santo da vida a la comunidad eclesial suscitando una vida de resistencia activa y aguante frente a los envites del mal en todas sus manifestaciones, una vida de mucha más calidad y una esperanza inquebrantable. Pero el Espíritu no tiene fronteras, ni ideológicas ni nacionales, sino que, en todo lugar, inspira la gracia y el coraje para seguir comunicando lo que Jesús ha revelado y para poder enfrentarse, con el arma exclusiva de la palabra, a los poderes que oprimen, maltratan o desprecian al ser humano y su dignidad.
Dios amó al mundo y nos envió a su Hijo
“Tanto amó Dios al mundo que le dio a su único Hijo para que todo el que crea en él tenga vida eterna”. Esta frase capital en el evangelio de hoy (Jn 3,16-18) es clave también al comienzo de la encíclica de Benedicto XVI sobre el amor (SC 1) y sintetiza el mensaje de vida que la comunidad eclesial anuncia en este domingo de la Trinidad. Dios es Amor en la comunión de tres personas y esa identidad común amorosa que irradia misericordia, perdón, entrega y paz es la que comunica a los humanos, imagen y semejanza suya, para que vivamos la grandeza de ser con otros, de reconocer y valorar al otro, de amar al otro y de entregarse a los otros.
El Espíritu Santo, la fuerza de Dios que da vida
El Espíritu, prometido por Jesús a la comunidad recién fundada, es la fuerza de Dios hecha amor y resistencia que acompaña a la Iglesia en su caminar por la historia. Él es la fuerza de la comunión eclesial. El Espíritu terminará de enseñarle a la Iglesia lo que tiene que hacer para lograr configurarse plenamente con Dios en el proyecto de vida, de justicia y verdad enseñado por Jesús y ratificado con su muerte en cruz. Los seguidores de Jesús muerto y resucitado tenemos que llegar a transparentarlo en nuestra vida para que el mundo crea en el Dios verdadero que ha creado este mundo y que desea que éste, su creación, llegue a la plenitud.
El Espíritu nos configura como testigos de Cristo
Sólo podremos transparentar a Jesús muerto y resucitado, si permitimos que el Espíritu de Dios actúe en nuestras vidas, y si nos dejamos moldear por ese Espíritu, para poder vivir y testificar el amor de Dios trino y uno en medio de esta historia y en medio de nuestras propias comunidades. Por tener acceso directo a la comunión con Dios, por medio de Jesucristo, hemos de dar continuamente gracias a Dios. Pero no perdamos nunca la conciencia de que sólo somos criaturas del Creador, ya redimidas y transformadas por el amor, manifestado en Cristo y comunicado por el Espíritu, en la esperanza de encontrarnos para siempre con él.
Llamados a vivir el amor trinitario
Nosotros podemos vivir el amor trinitario, como hijos adoptivos, cuando comprendamos que Dios está dentro de cada uno de nosotros y nos da fuerza para hacer lo que Jesús hizo: entregarse a los demás. Cuando hacemos unión con otros, la fuerza de Dios se nos activa y la entrega a los demás se hace más posible porque la comunidad – manifestación trinitaria en esta historia- nos ilumina, nos apoya y nos corrige.
La Iglesia, expresión de la Trinidad
Por eso, la Iglesia es la expresión de la Trinidad, porque es un grupo de personas que al sentirse hermanos y al apoyarse mutuamente facilitan la acción de Dios que está en ellos en todos y cada uno, como Padre que ama, como Hijo que se entrega y como Espíritu que da fuerza. Y, como todo ser humano es imagen de este Dios, la gran tarea de la vida consiste en desplegar y desarrollar en nuestra historia mortal lo que ya somos desde el embrión humano hasta la muerte, cuando experimentemos la gran y definitiva transformación que, como hermanos de Cristo y receptores del Espíritu, supone la resurrección a la vida eterna. Feliz domingo de la Santísima Trinidad.

José Cervantes Gabarrón es sacerdote misionero murciano y profesor de Sagrada Escritura. Director de Oikía, Casa de Acogida a Niños de la Calle, y director del Instituto de Estudios Teológicos Seminario Mayor San Lorenzo, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.