Reflexión dominical ¡Alégrense! ¡Aleluya!
Por JOSÉ CERVANTES
Domingo, 4 abr. 2026
¡Exulten! ¡Aleluya!
El pregón pascual, al principio de la vigilia, resuena como una auténtica explosión de alegría y júbilo con su primera palabra: “Exulten”. Con ella el pregonero de las fiestas de Pascua marca la actitud fundamental que debe llenar el corazón de los fieles en el Pueblo de Dios. Es una palabra que procede del latín, traduce la forma verbal del “exsultet” del canto gregoriano y apenas se conoce fuera del ámbito litúrgico. Por medio de ella se convoca al universo entero, celeste y terrestre, a hacer fiesta por el Resucitado, en esa noche en que Jesús ha vencido la muerte, el pecado y la culpa de la humanidad. Exultar es mostrar alegría y gozo de manera desbordante. Exultar es el grado supremo de la alegría. Es la alegría espiritual que nace del fondo del alma y suscita emociones sin cálculo. Es casi imposible cantarla con fe en una celebración sin que se produzca un escalofrío vibrante de gozo, también físico. A esta alegría es a la que se invita a toda la Iglesia y al mundo por asistir a la proclamación de la gran buena noticia por antonomasia para la humanidad: Cristo ha resucitado. Esta demostración de alegría exultante, especialmente con motivo de Pascua, es la que contiene la palabra ¡Aleluya!
Este es el día en que actuó el Señor
Teniendo en cuenta esta dimensión de relación gozosa, inherente a “¡Aleluya!”, relación de agradecimiento y alabanza a un Dios personal, que ha actuado a largo de la historia de Israel, la fe de los cristianos sostiene que ese Dios personal se ha manifestado plenamente en Jesús, que resucita de entre los muertos y consigue para los seres humanos la liberación más definitiva y profunda: la salvación de la muerte y del pecado, pues la victoria de Jesús ha sido compartida y comunicada a sus hermanos, los hombres, que tenemos la gran alegría de alabar a Dios, exultantes de gozo en este día de la Resurrección de Cristo, proclamando al mundo entero la palabra de la plenitud de la alegría que es ¡Aleluya!
Al encuentro de Cristo resucitado
Hasta el momento de la resurrección de Cristo nadie había podido oír ni pronunciar nunca esta singularísima, excelente y genuina Buena Noticia del Evangelio: que el Señor ha resucitado. Por eso Pablo la destaca poniendo el artículo determinado a la palabra: El Evangelio”. Esta noticia no es comparable a cualquier otra Buena Noticia. Es tan especial que a ella se reserva la categoría de Evangelio. El Nuevo Testamento la transmite recogiendo el testimonio de la predicación cristiana primitiva: Cristo ha resucitado. Y ésta es la gran noticia del domingo de Pascua como mensaje de alegría que resuena por toda la tierra y hace exultar a la humanidad. Hace veinte siglos que sucedió, pero constituye una novedad permanente en la historia de la humanidad. El horizonte al que podemos mirar los seres humanos, desde Cristo Resucitado, va más allá de la muerte porque, igual que Jesús ha sido resucitado de la muerte, todos con él recibirán la vida en virtud de su Espíritu. La resurrección de Cristo es, por tanto, el comienzo de la nueva humanidad.
La gran manifestación de Dios en el sepulcro abierto y vacío, según San Mateo
La narración del sepulcro abierto y sin el cuerpo de Jesús en el Evangelio de Mateo (Mt 28,1-10) permite destacar varios elementos singulares del relato, pues Mateo resalta el carácter teofánico del acontecimiento del Resucitado:
1) Las mujeres no van al sepulcro para hacer nada en particular, sino sólo para contemplar la tumba.
2) Según es frecuente en Mateo y en las sagradas escrituras, un terremoto reviste el acontecimiento narrado como una intervención divina que convulsiona toda la tierra.
3) Esto queda reflejado explícitamente en el ángel del Señor que remueve la piedra del sepulcro y se sienta sobre ella como señal de señorío sobre la muerte.
4) El aspecto relampagueante del ángel y su vestidura blanca son elementos apocalípticos que resaltan la teofanía.
5) El mensaje del ángel es un oráculo de salvación, con tenor profético: “No teman”.
6) Su contenido es único: el crucificado no está aquí, pues resucitó de entre los muertos.
7) Así se cumple la palabra de Jesús y las mujeres son invitadas a comprobar el sepulcro vacío.
8) Las mujeres deben anunciar a los discípulos el mensaje pascual: “Resucitó de entre los muertos”.
9) Y también deben anunciar su encuentro con Jesús Resucitado en Galilea, tal como fue previsto por la palabra de Jesús.
10) Ellas con miedo, pero con mucha más alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
Jesús Resucitado se aparece, en primer lugar, a las mujeres
Otros cuatro elementos particulares podemos destacar en la versión de Mateo en la narración del sepulcro abierto, pues el primer evangelista incorpora la aparición del Resucitado a las mujeres, que es una escena exclusiva del evangelio de Mateo:
1) La gran novedad de Mateo es que, en el camino, el mismo Jesús resucitado sale al encuentro de las mujeres y, con carácter imperativo, las llama a la alegría desbordante: ¡Alégrense!
2) Ellas reaccionan con tres verbos que pueden describir la acción de la Iglesia creyente en esta noche santa: acercarse a Jesús, abrazar sus pies y adorarlo (esto pretende resaltar la imagen de esta reflexión, en la que un servidor de ustedes está besando la losa del santo sepulcro en Jerusalén).
3) Finalmente, Jesús repite el encargo evangelizador que les había dado el ángel.
4) Con una particularidad más, pues los discípulos son considerados por Jesús como hermanos, ¡nada más y nada menos que hermanos del Resucitado!
La novedad de vida del Resucitado
Cada uno de nosotros puede fijar su atención especial, en cualesquiera de estos elementos enumerados, propios de Mateo, el evangelio de hoy, para experimentar la gran alegría de las mujeres discípulas por el encuentro con el resucitado. El resucitado es la gran manifestación de Dios (una teofanía) que marca una ruptura con la historia del común de los mortales, ya que la novedad de vida que él tiene y que comunica a las mujeres y a sus hermanos ya no está sometida a la muerte y es eterna. Así se pone de relieve que el espíritu de amor y de entrega que vivió Jesús en su vida mortal, su mensaje de verdad y de justicia, de perdón y de paz no podía quedar retenido en la tumba de la muerte. Por eso Dios lo resucitó de entre los muertos y a través de él sigue generando y comunicando vida, alegría, paz y fraternidad entre los hombres.
La misión de la Iglesia es avivar la Palabra de Jesús
La misión actual de la Iglesia consiste en avivar la fuerza de la Palabra de Jesús, cuyo recuerdo la actualiza y cuya proclamación la celebra como palabra regeneradora de una nueva humanidad, para vivir en el amor fraterno y en la gran alegría de que el amor de Dios ha triunfado sobre la injusticia, sobre el pecado y sobre la muerte en este mundo. Injertados en Cristo Jesús por el bautismo, los creyentes experimentamos que con él hemos dado muerte a todo pecado y podemos vivir en la permanente alegría de la gracia con la capacidad irrevocable de no pecar. Por eso en nosotros se ha generado una personalidad nueva para caminar en la novedad de vida en el Espíritu.
Dos mujeres, llamadas María, protagonistas del encuentro con el Resucitado
Las mujeres del evangelio ocupan un lugar primordial en la génesis de la nueva humanidad, pues ellas son las primeras en recibir el mensaje de la resurrección, a ellas, en primer lugar, se aparece Jesús resucitado, y ellas son las primeras a las que se les encomienda transmitir a los demás discípulos el mensaje pascual. Por tanto, ellas constituyen la primera mediación entre el acontecimiento trascendental de la resurrección y los discípulos. En el evangelio de San Mateo se acentúa este papel relevante de la mujer. Pero su preeminencia en la experiencia del encuentro con el resucitado no es casual, pues ellas fueron también las que siguieron con Jesús desde Galilea (cf. Lc 23,49), las que subieron con él hasta Jerusalén (cf. Mc 15,41), las que estaban allí acompañando y como testigos (cf. Mt 27,55; Mc 15,40) y las que contemplaron todo lo sucedido.
La firmeza de las mujeres en el seguimiento de Jesús
Los evangelios sinópticos nos relatan que ellas permanecieron firmes ante el crucificado (cf. Mt 27,55; Mc 15,40; Lc 23,49) a diferencia de todos los discípulos que habían abandonado a Jesús, dejándolo solo en la hora decisiva de la muerte. Y también ellas, y no los discípulos, presenciaron su sepultura. Ellas manifestaban como nadie el dolor desconsolado y la añoranza irreprimible por el amado ausente. Así pues, su inquebrantable fidelidad a Jesús, incluso estando ya muerto, las hace garantes de un testimonio sumamente cualificado en la Iglesia naciente. Entre las mujeres es de destacar el lugar preeminente que ocupa la Virgen María en el Evangelio de Juan al pie de la cruz, como muestra de la firmeza y fidelidad en el seguimiento al Señor, de la madre de Jesús y madre nuestra.
¡Feliz encuentro con el Resucitado!
También es misión primordial de la Iglesia recordar y anunciar la presencia del Espíritu del Resucitado en toda persona que, haciendo el bien y estando cerca de los que sufren la miseria, la injusticia, la opresión y la violencia, el hambre y la guerra, dan testimonio de la fraternidad universal de la familia humana, encaminada irreversiblemente hacia el Padre por el crucificado, ya resucitado. Desde Bolivia, con los niños y el personal de Oikía, nuestra casa de acogida a los niños de la calle, exultantes por el Resucitado, les invitamos a cantar : ¡Aleluya! Resucitó el Señor
¡Feliz Pascua de Resurrección!
José Cervantes Gabarrón es sacerdote misionero murciano y profesor de Sagrada Escritura. Director de Oikía, Casa de Acogida a Niños de la Calle. Director del Instituto de Estudios Teológicos Seminario Mayor San Lorenzo, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.